Siete sonetos medicinales y otros poemas
Autor: Almafuerte
Estudio preliminar: Héctor Eleodoro Recalde
Propuesta didáctica: Nora Papeo
Páginas: 152
ISBN: 978-987-8308-55-5
Colección: Claves de la Literatura Argentina
Aunque cronológicamente Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte, perteneció a la Generación del 80, su vida y su obra no tienen similitudes con las de los escritores coetáneos agrupados bajo ese rótulo. De modesto origen y escasa instrucción, pobre durante toda su vida, Almafuerte asumió poéticamente la representación de los menos afortunados del “granero del mundo”. De vocación mesiánica y tono declamatorio, quiso ser la voz de su “chusma querida” y se constituyó en denunciante de una sociedad profundamente desigual y corrompida, cuyas miserias eran ignoradas por los poetas oficiales. Con estos rasgos, los versos que recitaba en salas de cines y teatros entusiasmaban al auditorio popular que acudía a escucharlo.
Sus méritos fueron reconocidos por Rubén Darío, maestro de la joven generación modernista, y Jorge Luis Borges le debió el descubrimiento del valor poético de las palabras, a través del joven Evaristo Carriego al que escuchó recitar a Almafuerte siendo un niño, sin comprender demasiado el sentido del largo poema que oía.
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Siete sonetos medicinales y otros poemas
Autor: Almafuerte
Estudio preliminar: Héctor Eleodoro Recalde
Propuesta didáctica: Nora Papeo
Páginas: 152
ISBN: 978-987-8308-55-5
Colección: Claves de la Literatura Argentina
Aunque cronológicamente Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte, perteneció a la Generación del 80, su vida y su obra no tienen similitudes con las de los escritores coetáneos agrupados bajo ese rótulo. De modesto origen y escasa instrucción, pobre durante toda su vida, Almafuerte asumió poéticamente la representación de los menos afortunados del “granero del mundo”. De vocación mesiánica y tono declamatorio, quiso ser la voz de su “chusma querida” y se constituyó en denunciante de una sociedad profundamente desigual y corrompida, cuyas miserias eran ignoradas por los poetas oficiales. Con estos rasgos, los versos que recitaba en salas de cines y teatros entusiasmaban al auditorio popular que acudía a escucharlo.
Sus méritos fueron reconocidos por Rubén Darío, maestro de la joven generación modernista, y Jorge Luis Borges le debió el descubrimiento del valor poético de las palabras, a través del joven Evaristo Carriego al que escuchó recitar a Almafuerte siendo un niño, sin comprender demasiado el sentido del largo poema que oía.